En el daño que puedan causar los reproductores de
sonido intervienen varios factores, entre ellos, el modelo de audífonos, el
volumen e intensidad al que se utilicen, el tiempo de exposición y el tipo de
sonido que se escuché.
Los audífonos: Los más nocivos. Son aquellos cuyo diseño cubre completamente
el pabellón auditivo, de manera que el espacio que queda entre el aparato y el
conducto auditivo no permite que el sonido salga y se replique". Además,
entre más pequeños sean ejercen mayor presión sonora y el sonido se tiene que
amplificar más.
El volumen: usualmente los escolares y
universitarios suelen usar sus aparatos en la calle o durante la ruta escolar,
por lo que se ven precisados a subir el volumen de sus reproductores para
atenuar los ruidos del tráfico. Pero la realidad es que el volumen de estos
aparatos no debe ser mayor al 60% de la salida total del equipo. Es decir, que
si da la posibilidad de tener 20 puntos de volumen, solo debe usarse hasta 10.
Conscientes del daño que ocasionan, algunas marcas han producido equipos
dispuestos con un bloqueo que no permite superar ciertos rangos de volumen,
pero con frecuencia los jóvenes lo desactivan.
La intensidad: el oído humano está en capacidad de
soportar hasta 85 decíbeles, que es lo que equivale al ruído del tráfico
intenso. Pero con frecuencia, los jóvenes que usan reproductores de sonido
superan los 90, 100 o más decibeles, ruido que es comparable con el de un avión
al despegar.
Tiempo: no debe ser superior a dos horas diarias,
pero muchos jóvenes permanecen conectados hasta ocho.
Sonido: No
es lo mismo escuchar rock que música de la nueva era, pues la gran cantidad de
bajos que tiene el primer género aumenta la presión en el oído y, por ende, el
daño.


